miércoles, mayo 20, 2009

y en el de efe

pues si, han pasado ya dos semanas de mi regreso físico a tierras aztecas, primero y purépechas ahora. No es nada sencillo retomar las circunstancias de un lugar después de dislocarse. Reasumir las realidades cotidianas después de andar de gira, ya que el lugar de este momento, y en mi papel de nómada, viene a ser uno más, no es el hogar, ni la casa, sino una etapa más del transcurrir del tiempo en el espacio de esta viajera específica.

pero bien, una semana en el DF, con la familia, con visitas seriadas a médics en un intento definitivo de curar males no de amores sino de noamores en tiempos de fiebre marrana. De caminar Reforma y visitar el centro como cuasiturista, comparando calladamente similitudes y semejanzas con otros parajes.
y pero claro! como México no hay dos, y su única manera de reírse de si mismo con toda la ironía y el ingenio, la desesperación y la certeza de que el buey se queda en la barranca vuelve a salir -si es que alguna vez se retura o se esconde- con cada movimiento/golpe crítico que se le asesta. Conocen ya muchos de los chistes y canciones de las últimas semanas, no? pero esta es la vida real, a flor de calle.


y mientras almuerzan las chicas de la ambulancia que deviene en puesto de emergencia sanitaria, la avenida Reforma se convierte en una gran ciclopista dominguera digna de observar sobre dos pies
ciclopista, patipista, perropista, toda fuerza motriz se acepta si no tiene puertas y escape, aunque algunos micros puedan circular por la lateral.
y están las banquetas para los que no pueden aventurarse solitos en la gran corriente ciclista
el defecito, ciudad de las más chingonas del planeta, con marranos y sin ellos

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