domingo, abril 24, 2011

le vin

Estoy en tierra de vino. Gran explotación de la tierra caliza (en su mayor parte) para sembrar hectáreas y hectáreas de vid. Toda una ciencia de gran sofisticación heredada de los conquistadores romanos.

Y en esta tierra vitivinícola tuve mi experiencia como ouvrier agricole por dos intensos días, para que no me cuenten. Aunque hubiera querido pasar por todo el proceso, solo me tocó estar en el de embotellamiento: alimentar la máquina que llena las botellas y les planta el corcho y ya así irlas metiendo en unas inmensas cajas: en 8 interminables horas, entre Malvina y yo hicimos la friolera (porque da escalofrío pensarlo) de 6,000 botellas.

el segundo día estuvo dedicado a arrancar las ramas que sobran. Porque sabrán que las viñas francesas deben de tener su tronco, dos ramas que se abren a los lados y en cada una de ellas 3 nudos. De cada nudo deben salir solo dos ramitas que serán las encargadas de producir las uvas. Las demás, adiós.
Aparte de machacar mi espalda (Las ramas están a unos 50 cms del suelo), me sentí en tiempos feudales por momentos y como quien decide quien vive y quién no en otros.
Ya estoy muy ruca para estos trotes tan intensos, de una actividad repetitiva y sin descanso en posiciones nada naturales, pero la experiencia me llevó a pensar en la cantidad de energía necesaria para producir -en este caso- una botella de vino, miento, millones de botellas de vino: Energía de la tierra, del agua, energía humana, sobre todo.
Vino. Vaya.
Salut!

2 comentarios:

ave de estinfalo dijo...

Se ve bonita la primer foto

:P

salud!

Cuidate mucho

byE

Marthazul... dijo...

Como dice mi padre haciendo broma de las frasecitas de los curas: " Fruto de la tierra y trabajo del hombre" :)