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lunes, agosto 09, 2010

dejando huella en macedonio



estos son dos de los periódicos que anuncian nuestra presencia en Macedonia. Dos artistas latinoamericanos en estas tierras, cosa que no es común. Una es una entrevista. Chido, no?

sábado, marzo 06, 2010

mi feminismo y Monique Wittig

Hace un rato di un brinco porque por primera vez encuentro a alguien que menciona a Monique Wittig.
flashback elemental, como diría mi querido José Agustín en Final en laguna (se está haciendo tarde):
Me veo en 1976 en una librería xalapeña (el sótano?) con un libro en la mano: Las Guerrilleras, de Monique Wittig, en la edición de Seix Barral, escrita en el glorioso 1969. Eran mis tiempos de
acciones tupamaras, y cual guerrillera,a lo guardé en mi morral.
Fue un libro que me voló la cabeza (volátil que era en esos tiempos, tan sensible, tan hambrienta, tan intuyendo todo y no sabiendo nada).

Se dice novela, pero era una historia contada por medio de prosa poética a manera de cuentos cortos, de listas inmensas de nombres, de círculos a toda página. Una revolucionaria narrativa que en verdad deconstruía forma y fondo, y destruía paradigmas, llevándome al cero (ese que aparecía en sus páginas blancas)para de ahí construir. Menudo curro ese, construir algo nuevo partiendo de haber destruído todo antes.
Las Guerrilleras eramos todas esas mujeres que, sabiéndolo o no, lo hacíamos día a día, rompea esquemas y buscar desesperdamente otros, más libres, más netos. Esquemas digo. Un nuevo ""orden de vida?" Paradigmas. Sistemas de pensamiento. De conducta. De política...
y claro que nos pedimos bastante en ese nuevo bosque, hirsuto, salvaje, inédito. Machete en mano nos dábamos contra duras raíces, hierbajos ponzoñosos. Roconones. Hasta llegar aquí y ahora.

Yo de Monique, en mi silvestrez, no sabía nada mas que lo que decían los forros. Y nunca más supe de ella hasta hoy. Pero desde ese momento en que me supe feminista, que lo soy, (yo que siempre eludí las etiquetas), he continuado el camino. Y leo sobre ella y me doy cuenta de que, a pesar de lo que provocó en mi, y por la calidad del relato que leí, mi feminismo no es como el de ella, o sea, no soy lesbiana. Pero eso no importa. A mí, porque ella, tan radical, planteaba "Soy lesbiana, no mujer".

En el libro las guerrilleras poéticamente se lanzan a una guerra de exterminio de la androcracia para al final contar con los nuevos hombres, los jóvenes que tenían una voluntad de cambiar las cosas. El viejo sueño, tal vez. Un mundo nuevo a partir de cero. Ese fue el punto que de parte del feminismo me confirmaba mi intuición de que así debe ser. "Pulverizar las viejas formas y las convenciones formales".

Monique Wittig dejó París para emigrar a los Estados Unidos en 1976, precisamente el año de mi hallazgo. Ahí se convirtió en ensayista teórica de feminismo, lenguaje y literatura. Murió en Arizona en el 2003.
Para ella, como para mi, el uso del lenguaje es revolucionario. Con el lenguaje se universaliza el pensamiento:

"La conciencia de la opresión no es solo una reacción ante (de lucha contra) la opresión. Es también la completa reevaluación conceptual del mundo social, su completa reorganización con nuevos conceptos, desde el punto de vista de la opresión...llámalo práctica subjetiva, cognocitiva. El movimiento de ida y vuelta entre los niveles de realidad (la realidad conceptual y la realidad material de la opresión, que son, ambas, realidades sociales), se alcanza con el lenguaje".

para terminar y como esto es sobre su legado en mi, va un texto sobre el lenguaje para este 8 de marzo, que ahora se llama del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, otra polémica de lenguaje y concepto, porque, está bien que
ellos reconozcan el trabajo que efectuamos pero a la vez se excluye a todas las demás formas de ser mujer.
Somos la palabra
Elizabeth Ross


La negación a la que hemos estado sometidas se manifiesta con un grito imperceptible en la forma de utilizar el lenguaje. Sabemos que el lenguaje determina nuestro pensamiento y éste nuestro actuar en el mundo.

Detenernos y analizar las palabras que utilizamos cuando hablamos de nosotras es imperativo para detectar los procesos mentales de dominación. Desde que se impuso el patriarcado y se separó de tajo a la humanidad, la palabra escrita y hablada fue manipulada para ir cambiando los procesos mentales y culturales de mujeres y hombres. Vimos como en los mitos fueron cambiando la historia y cómo a través del diseño de las religiones se injertó el absolutismo androcrático en cuerpos y mentes. Un poder inoculado profundamente, alojado en oscuros resquicios de nuestro cerebro, de nuestra visión del mundo, de nuestra cotidianeidad. Es cierto que esto se rompe, que conciencia y memoria traen luz. Y es por eso que el uso del lenguaje se convierte en nuestra arma. No son solo las ideas, las teorías, los testimonios, es el detenernos frente a las sencillas palabras de todos los días que por cotidianas se escabullen y siguen deteniendo ciertas partes esenciales del proceso de liberación.

Este es un llamado a todas (y a todos) para parar el mundo opresivo y desapercibido del lenguaje: un llamado a sabernos mujeres con todo el cuerpo, sus corrientes electromagnéticas, sus fluidos, sus sicotrones. A romper el esquema impuesto de que la humanidad es el hombre y que en esas dos palabras se puede y es lícito englobar a todas, a todos, los que malvivimos el planeta.

Para dejar, en fin, de
negar nuestra propia existencia y decir yo soy UNA. Es decir NOSOTRAS, es decir HUMANIDAD, decir SER HUMANA. Es decir DIOSA. Es alterar en definitiva todas las cadenas mentales que nos unen sutilmente a lo que la conciencia rechaza.

Encontrar nuevas palabras que denominen –por ejemplo- lo que nos hace felices y nos dan placer, lo que nos disgusta. Utilizar los vocablos madre y padre de manera distinta. Saber que UNA MADRE no es una chingadera y que lo que es padre o puta madre no necesariamente es maravilloso. Entender de una vez por todas que chingar a nuestra madre es, en definitiva, una verdad histórica y que debe ser abolida si queremos sobrevivir como especie.

Detenernos y analizar lo que decimos, cómo lo decimos, cómo nos hablamos y cómo nos referimos a nosotras mismas. Descubrir, también y especialmente, ese poder.

martes, junio 02, 2009

a petición del público, un capítulo de la novela OGO, de amadís ross

Serov, Pangea. Lunes 30 de julio de 2558, 10:03 p.m. hora local

Nace Iván

Vestido con un traje antiséptico, el señor Nikolsk camina del sillón al ventanal y contempla el resplandor de la nieve sobre los montes Urales. La noche rusa brilla con claridad inaudita. El señor Nikolsk piensa que su hijo nacerá en Luna nueva, un cielo iluminando a la Tierra sólo con las estrellas. Regresa al sillón, no sin antes detenerse por un instante ante la puerta tras la cual su mujer está dando luz a su primogénito cinco semanas antes de lo esperado. Debería estar ahí, tomando su mano y animándola, y lo había intentado; un minuto después estaba afuera, sudando frío y resistiéndose a una náusea que le partía el cuerpo; no, era imposible para él estar ahí, nada más mirando. El sillón se amolda a su peso y eleva en dos grados la temperatura, la noche apresura el paso. Cuando termine, podré entrar. Deberé abrazar a Misha, besarla, y al bebé también. Aunque ella tardará varios días en perdonarme.

La puerta se abre. La sonrisa acostumbrada por los médicos en esas situaciones no está ahí.

-Señor Nikolsk.

El señor Nikolsk se incorpora del sillón, un su rostro hay un signo de alarma.

-Su esposa está reposando, el alumbramiento ocurrió sin contratiempos. Un varón, como se esperaba.

-Bien, iré a verlos ahora. Muchas gracias Doctor Szymanski.

-Aguarde, señor Nikolsk. Hay un problema. Su hijo ha sido ingresado a la incubadora y no podrá verlo por ahora.

-¿Cómo?

-Presenta una complicación respiratoria aguda, es todo lo que puedo decirle hasta no realizar mayores análisis.

-¿Complicación aguda? Eso no es posible Doctor, ¿acaso hemos retrocedido doscientos años? ¡Estamos en el Esplendor, la cumbre de la medicina!

-No se preocupe, señor Nikolsk, los mejores especialistas atienden ahora mismo el caso. Pase con su esposa y póngase cómodo, pronto tendrán noticias nuestras.

Bajo la luz melón resplandece un velo transparente de tonos plateados que cubre la cama de Misha. Un medibot permanece al lado, inerte hasta que el señor Nikolsk levanta el velo y contempla a su esposa. No se atreve a acercarse más. Ella lo mira con socarronería.

-Dicen que está bien. Análisis y esas cosas, ya sabes.

Su esposa deja de mirarlo y no contesta.

-Y en cuanto a lo de hace un momento...

-Shhh. Ven.

Los esposos se abrazan. El medibot vuelve a su letargo.

En la sala de cardiología pediátrica, Kyski, IA médico nivel 2 exclusiva del Hospital Gubaja, confirma la veracidad de sus datos ante los tres especialistas. Ninguno de ellos puede creerlo.

-¿Se llamará Mijail, como tanto has dicho? -el señor Nikolsk acaricia el cabello de Misha, ella se siente cada vez más impaciente-. O Iván, como tu abuelo -ríe-. Cuando lo vea sabré si tiene cara de Iván o de Mijail.

Poco a poco se ha asentado en su alma la sensación de ser padre, y ahora se arrepiente de no haber presenciado la llegada de su hijo.

-¿Por qué aún no regresa el Doctor Szymanski? -pregunta ella.

El sudor no deja de brotar en el rostro del Doctor Szymanski. Kyski realiza la tercera inspección general en media hora. Cientos de nanobots circulan por las venas y arterias del bebé, reparando tejidos, conteniendo hemorragias, haciendo mediciones y tomando muestras. Vera Bezújov, neuróloga pediatra, mira con ojos adustos la información recibida por Kyski, proyectada en tres pantallas de tercera dimensión limitada. Sentado frente a dos virtuales y luciendo un opticógrafo como corona, el cardiólogo Kirílovich sigue también el informe.

-Si me permite utilizar una analogía, Doctor Szymanski -a pesar de la entonación bien articulada de Kyski, sus palabras siempre suenan secas, sin peso-, es como si estuviera haciéndose más joven en una degeneración constante.

-No es una analogía, Kysk, está ocurriendo así.

-Zenka uno, zenka dos. Resultados -recita la IA-, resultados señora y señores. Ninguna reacción al tratamiento enzimático. También se presentó un rechazo del 99.98% al la neotriyodotironina. Los órganos más afectados continúan siendo el corazón y los pulmones, con disminuciones de volumen de 12.57% en el primero y 26.41% en los otros. El sistema linfático se ha degradado un 29.86%. Las reparaciones manuales lo mantienen vivo. Sistema nervioso funcionando en un 97.31%.

-Alto, demasiado alto -interviene el Doctor Kirílovich-, debemos saber por qué el sistema nervioso se mantiene intacto.

-La curiosidad científica no es de utilidad en este momento -censura la Doctora Bezújov-, sólo debemos enfocarnos en detener el estado degenerativo.

Szymanski y Kirílovich asienten, pero ninguno de ellos sabe cómo impedir algo así, simples testigos de un caso sin precedentes en la historia de la medicina. En menos de media hora el bebé será un feto de ojos gigantes, sin piel y con manos deformes.

-Doctor Szymanski -dice Kyski-, los padres llevan treinta y cinco minutos sin recibir información sobre su hijo. ¿Envío alguna enfermera?

-No. Iré personalmente. Está usted a cargo, Doctora Bezújov.

La luz continúa siendo melón en el cuarto donde ninguno de los nuevos progenitores permanece tranquilo.

-¡Doctor!, finalmente. Comenzábamos a preocuparnos.

-Señores Nikolsk -el rostro cansado, amarillento del médico los mira con lejanía-, su hijo...

-Iván -interrumpe Misha con labios resecos.

-...Su hijo, Iván, continúa en la incubadora, y proseguimos con nuestros análisis. En el momento en que sepamos algo más se lo informaremos.

-Por favor, díganos claramente qué es lo que tiene Iván -apremia el señor Nikolsk-, tenemos derecho a saberlo.

-Los mejores especialistas del hospital lo están atendiendo. Hacemos lo posible... -hay tristeza en su voz.

-Pero, ¡¿qué es lo que tiene?!

-Aún no estamos seguros.

-¿Cómo es eso posible? -el nuevo padre comienza a sentirse exasperado- Doctor, no ande con laberintos y díganoslo directamente.

El Doctor Szymanski mira a los esposos sintiendo un nudo en la garganta.

-No sabemos lo que tiene su hijo excepto que es muy grave, probablemente morirá en las siguientes horas. Somos tres especialistas y nuestra IA quienes estamos trabajando…

-¡Quiero verlo! -grita Misha con el rostro resuelto-. ¡Exijo verlo!

-Señora Nikolsk, eso es imposible.

-¡Es mi hijo! ¡Tengo derecho a verlo aún con vida!

El Doctor Szymanski cierra los puños. Durante años y años ha contemplado la fuerza ciega que transforma a mujeres en madres decididas, pujando desde su corazón, con el cabello empapado de sudor, mostrando la más pura de las sonrisas cuando su bebé ha nacido, amamantándolo por primera vez con dulzura infinita. Y durante años y años se ha sentido orgulloso de su trabajo, fuente de constantes satisfacciones, un trabajo que lo hace sentirse útil y respetado. ¿Cuántos y cuántos padres agradecidos? Pero ahora nada de eso cuenta. Por primera vez en su carrera es presa de la misma impotencia que debieron sentir tantos hombres de la medicina en el pasado: el dolor negro de saber que no se puede hacer nada.

-No es conveniente, señora Nikolsk.

Las tres pantallas de Kyski advierten sobre un inminente paro simultáneo en los sistemas circulatorio y respiratorio de Iván.

-¡CPR! -ordena el Doctor Kirílovich-, ¡De prisa!

-Aplicando CPR, respuesta del 51.93% -contesta la voz impersonal de la IA-, pulso 20/82 y descendiendo.

-Es inútil, sólo estamos alargando su agonía.

Los médicos se miran entre sí. Será un amanecer de oscura memoria. La puerta se abre y entra el Doctor Szymanski seguido por el señor Nikolsk, quien no se intimida ante los complejos aparatos médicos que atestan el cuarto de cardiología pediátrica.

-Doctores, les presento al señor Nikolsk, padre de Iván.

-¡Szymanski! -profiere la Doctora Bezújov- ¡Esto es contra las reglas!

-Lo sé. Pero tiene derecho a ver a su hijo aún con vida.

-Eso ya no es su hijo -gruñe Kirílovich, quien calla avergonzado ante la mirada fulminante de Nikolsk.

-¿Es esta la incubadora?

Tras una burbuja transparente de cristal estéril reposa un diminuto cuerpo de cabeza hundida y piel viscosa conectado a varios filamentos.

-No, n-no respira.

-Está vivo, pero no será por mucho tiempo. Lo sentimos, señor Nikolsk, hemos hecho lo posible.

-¿Qué le ha pasado? -solloza.

-Doctor Szymanski -interrumpe con urgencia Kyski-, la señora Nikolsk está en la puerta.

-¡Misha! Debió habernos seguido.

-¿Cómo? ¡Ábrela de inmediato!

-¡Doctor Szymanski! -advierte Bezújov con voz dura-, si deja entrar a la paciente se arriesga a la corte médica.

-No me importa, Vera, este caso ya ha alterado para siempre mi historial. Kysk, deja pasar a la señora Nikolsk, no está en condiciones para permanecer de pie.

Al abrirse la puerta el cuerpo de Misha se desploma. Su marido y un medibot corren a auxiliarla. Los médicos contemplan la escena en silencio, siguiendo con la mirada el lento caminar de la pareja hasta la incubadora, rematado por el sollozo de la madre ante el hijo agonizante; el lamento se eleva hasta transformarse en un grito desgarrador. La Doctora Bezújov hace un gesto al Doctor Szymanski, es necesario llevarse a la pareja. Muchos estudios se le deben hacer al bebé antes de entregarlo al servicio funerario. Szymanski asiente.

-La presión arterial aumenta a 60/100 -irrumpe Kyski-, el corazón recupera volumen. Los pulmones han vuelto a funcionar.

El Doctor Kirílovich es el primero en reaccionar.

-¡100 cc de insulina! -dictamina-, ¡Date prisa Kysk!

-Aplicando -responde la IA con un acento de emoción desconocido hasta ese momento por los médicos-, el sistema linfático se recupera en un 35.12%, ¡el respiratorio en un 52.10%! ¡Reflejos detectados! No necesita la insulina, lo está haciendo por sí mismo.

La señora Nikolsk deja de llorar, pasmada ante las convulsiones que recorren a su bebé.

-¿Qué le pasa a mi hijo? ¡Iván!

El Doctor Szymanski se aproxima para sacarlos de la habitación, Kyski continúa vomitando datos sobre la inverosímil recuperación.

-Señores, deben dejar a los especialistas hacer su trabajo. Por favor esperen en su cuarto. Una enfermera los acompañará.

-¿Qué tiene, Doctor? -lo mira con ojos inundados la señora Nikolsk- ¿qué es lo que le pasa?

-Señora, debe permitirnos trabajar, por favor acompáñeme.

El señor Nikolsk aprueba la idea y toma del brazo a su mujer. No han caminado más de cinco pasos hacia la puerta, cuando la voz de Kyski suena más alta que nunca, casi tenor:

-¡La recuperación se ha detenido! Sus sistemas fallan nuevamente. ¡Aplicando neotriyodotironina!

Una fuerza venida de muy adentro, de olor selvático y mordiente como el fuego, explota en el pecho de Misha Nikolsk. Sobreponiéndose al agotamiento, se libra del abrazo de su marido y corre hacia la incubadora. Iván es una masa informe que se agita cuando ella llega a su lado. La voz de Kyski inunda el cuarto, el bebé otra vez se está regenerando. La burbuja de cristal estéril de la incubadora se opaca súbitamente, resquebrajándose hasta desplomarse en cientos de fragmentos.

El silencio es cortado por el llanto de un bebé, sano y rosado, en los brazos de su madre.